En 2026, la descarbonización ya no es un tema accesorio. El contexto climático, la volatilidad energética, las exigencias de clientes y los marcos de reporte están haciendo que medir y reducir emisiones sea una cuestión de gestión. Para actuar con criterio, el punto de partida es siempre el mismo: calcular tu huella. Ese cálculo permite identificar qué fuentes de emisión son realmente relevantes, priorizar medidas y demostrar avances con datos comparables.

Para que el proceso sea claro y ejecutable, una buena forma de organizarlo es por trimestres. A continuación se presenta un plan anual estructurado en cuatro fases, con objetivos concretos y un enfoque profesional, pero fácil de aplicar.

Primer trimestre: medición y línea base

Definir límites y recopilar datos clave

El primer trimestre se centra en construir un inventario sólido. Esto implica definir el perímetro del cálculo (qué sedes, actividades y consumos se incluyen) y establecer criterios consistentes para no mezclar periodos ni duplicar información. En esta fase suelen ser prioritarios los datos de electricidad y combustibles, y, cuando aplique, flota y refrigerantes. La calidad del inventario depende menos de “tenerlo todo” y más de que lo recopilado sea trazable y justificable (facturas, registros, contratos y evidencias archivadas).

Calcular emisiones y detectar focos principales

Con los datos ordenados, se realiza el cálculo y se identifican las categorías que concentran mayor parte de las emisiones. Aunque el Alcance 3 (cadena de valor) puede iniciarse por fases, conviene incluir desde el primer año las categorías más relevantes según la actividad (por ejemplo, compras principales, residuos, transporte o viajes). Al cierre del trimestre, la empresa debe disponer de una línea base útil y de una lista de prioridades basada en materialidad: qué pesa más y dónde actuar primero.

Segundo trimestre: reducción operativa y eficiencia

Medidas de eficiencia sin inversión significativa

El segundo trimestre es el momento de ejecutar acciones operativas que suelen ofrecer resultados rápidos. En edificios e instalaciones, lo habitual es encontrar oportunidades en horarios reales de funcionamiento, ajustes de climatización e iluminación, corrección de consumos fuera de uso y mejoras de mantenimiento. Estas medidas suelen reducir consumo energético y, en consecuencia, emisiones asociadas al Alcance 2 (electricidad) y, cuando existe combustión, al Alcance 1.

Control de consumos y verificación de resultados

Para que la reducción sea creíble y repetible, conviene comparar consumos de periodos equivalentes antes y después de las medidas. El objetivo no es generar complejidad, sino consolidar un sistema sencillo de seguimiento: consumos mensuales, incidencias relevantes y evidencias. Este enfoque evita que la descarbonización se convierta en un conjunto de acciones aisladas y refuerza la coherencia del cálculo anual.

Tercer trimestre: cadena de suministro y Alcance 3

Priorización de categorías y relación con proveedores

En muchas organizaciones, una parte significativa de la huella se concentra en compras y servicios. Por eso, el tercer trimestre debe dedicarse a trabajar Alcance 3 de forma ordenada, priorizando categorías por gasto e impacto probable, y empezando por proveedores clave. No es necesario solicitar información exhaustiva a toda la cadena desde el inicio: se recomienda un enfoque por madurez, comenzando por datos básicos (periodo, cantidades o gasto, tipología de servicio) y mejorando progresivamente.

Integración de criterios de compra y logística

Además del cálculo, este trimestre permite avanzar en reducción incorporando criterios sencillos en decisiones de compra: durabilidad, reparabilidad, eficiencia, reducción de embalaje y optimización logística. Estas medidas suelen tener impacto climático y, al mismo tiempo, contribuir a reducir costes y riesgos. También facilitan responder a requisitos de clientes, licitaciones y cuestionarios ESG, donde cada vez se solicita más información sobre emisiones en la cadena de valor.

Cuarto trimestre: proyectos estructurales, cierre y planificación

Proyectos de mayor impacto y decisiones de inversión

El cuarto trimestre es adecuado para consolidar medidas estructurales: mejoras técnicas de eficiencia energética, automatización y control, sustitución de equipos por alternativas más eficientes y, cuando sea viable, electrificación de procesos o flota. También es un buen momento para analizar opciones de energía renovable adaptadas a la empresa (autoconsumo o estrategias de contratación), siempre con criterios claros y coherentes con el cálculo y el reporte.

Cierre del año y hoja de ruta 2027

El cierre anual debe incluir la actualización del inventario con los datos del ejercicio, la comparación con la línea base y una explicación clara de los cambios relevantes. Esto permite demostrar avances con consistencia y preparar el siguiente ciclo con más precisión. En términos de gestión, el resultado esperado es doble: un cálculo anual defendible y un plan priorizado para 2027 basado en impacto, viabilidad y retorno.

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